Inicio Horarios Qué creemos Comunidad Sermones Reflexiones Contacto

La narrativa que pone la música

Todos vivimos danzando al ritmo de una narrativa. La pregunta no es si tenemos una: es quién está poniendo la música.

Por Diego Torrealba Texto base: Hebreos 1:1-4 11 de septiembre de 2026

En resumen

  • Ninguna de las narrativas que nos forman se presenta como narrativa. Todas se presentan como «simplemente cómo son las cosas».
  • Hebreos se escribió para gente atrapada entre tres relatos en competencia, y responde que la revelación en el Hijo tiene autoridad sobre todas.
  • La pregunta no es «¿crees en Jesús?» como un compromiso más en la lista, sino si su señorío está en el centro de la historia que cuenta tu vida.

Hay un experimento que los neurocientíficos repiten con variaciones desde hace décadas. Tomas a dos grupos de personas y les muestras exactamente las mismas imágenes ambiguas —una mancha que puede ser un pato o un conejo, una silueta que puede ser una joven o una anciana—. Un grupo las ve primero en un contexto que sugiere una cosa; el otro grupo, en un contexto que sugiere la otra. Y entonces ambos grupos miran la misma imagen, en el mismo segundo, y ven cosas completamente distintas.

No están mintiendo. Están viendo lo que su contexto les enseñó a ver.

Todos vivimos dentro de una narrativa que nos enseña a ver el mundo de cierta manera. No es una narrativa que elegimos conscientemente —la mayoría de las veces ni siquiera sabemos que está ahí. Opera debajo de la superficie de nuestras decisiones cotidianas: a qué le tememos, en qué invertimos nuestro dinero, qué tipo de persona queremos que sean nuestros hijos, qué noticias nos producen indignación y cuáles nos dejan indiferentes. Todos vivimos danzando al ritmo de una narrativa. La pregunta no es si tenemos una. La pregunta es quién está poniendo la música.

En el siglo XXI, las respuestas compiten con una intensidad inédita.

Los algoritmos de las plataformas digitales no son neutrales: están diseñados para reforzar lo que ya creemos, amplificando progresivamente la narrativa en la que ya vivimos hasta que nos parece la única posible. El tribalismo político construye identidades tan fuertes que determinan desde con quién nos casamos hasta cómo interpretamos los mismos hechos. El consumismo —esa narrativa invisible que organiza gran parte de nuestras vidas sin que la nombremos— nos dice que el sentido de la existencia se encuentra en la acumulación y la experiencia, en el «vivir bien» medido en pantallas y destinos y objetos.

Ninguna de estas narrativas se presenta como tal. Todas se presentan como sentido común. Como simplemente «cómo son las cosas».

La carta a los Hebreos abre con una afirmación que choca frontalmente con todo esto. En cuatro versículos, el autor instala la tesis más audaz posible: Dios ha hablado, definitivamente y de manera superior, en su Hijo (He 1:1-2). No como una voz más en el coro de narrativas disponibles. Como la palabra que interpreta todas las otras.

«En estos últimos días nos ha hablado por Su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo. Él es el resplandor de Su gloria y la expresión exacta de Su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de Su poder.» Hebreos 1:2-3

Hebreos está escrita para comunidades de judíos que habían llegado a reconocer a Jesús como el Mesías, pero que vivían en una encrucijada de narrativas: la narrativa judía de sus padres, la narrativa del mundo greco-romano que los rodeaba, y las enseñanzas de este Jesús que había resucitado. ¿Cuál de las tres definía quiénes eran? ¿Cómo vivir cuando las narrativas compiten?

La respuesta del autor es tajante: la revelación de Dios en su Hijo es la revelación definitiva y superior. No una entre muchas. La que tiene autoridad sobre todas las demás, porque proviene del único que «sostiene todas las cosas por la palabra de su poder».

Esto es muy diferente a decir que los seguidores de Jesús tienen una narrativa entre otras. Afirma que hay una narrativa que es verdadera —en el sentido de que corresponde a cómo el universo realmente es, quién lo hizo y para qué—, y que esa narrativa ha sido revelada definitivamente en Cristo.

La implicación no es que los creyentes deban ignorar el resto de las narrativas que compiten por su atención. Es que deben evaluarlas desde este centro. Cada ideología, cada cosmovisión, cada «forma obvia de ver las cosas» que el algoritmo o el partido o la cultura nos sirve, debe ser sometida a una pregunta: ¿es consistente con la narrativa que tiene a Cristo como heredero de todas las cosas?

La mayoría de nosotros no hace esa pregunta. Incorporamos las narrativas de nuestro entorno con la misma naturalidad con que respiramos el aire. Nos definimos políticamente, socialmente, económicamente —y luego añadimos la fe cristiana como una capa adicional que en realidad no cuestiona ninguna de las capas anteriores. Somos de izquierda o de derecha, clasistas o consumistas, ansiosos o nihilistas — y además somos cristianos.

Pero Hebreos 1 no ofrece esa opción. Plantea una narrativa que, si es verdad, reorganiza todo lo demás. Un Hijo que es «el resplandor de la gloria» del Dios que hizo el universo no puede ser un añadido decorativo a la narrativa que en realidad nos define.

La pregunta que este texto le hace a cada lector no es «¿crees en Jesús?» —en el sentido débil de agregar su nombre a una lista de compromisos religiosos. La pregunta es si la narrativa de Cristo —su persona, su obra, su señorío sobre todas las cosas— está genuinamente en el centro de la historia que cuenta tu vida.

¿O hay otra narrativa poniendo la música, y Cristo apenas aparece en el coro?

DT

Diego Torrealba

Diego Torrealba es esposo de Sabrina y padre de Lucía y Aurora. Pastorea la Iglesia Cristo Redentor Vitacura, parroquia de la Iglesia Anglicana de Chile, y es profesor en el Centro de Estudios Pastorales de la Iglesia Anglicana de Chile y en la Facultad de Teología Reformada, en Santiago de Chile. Es autor de «Allen Gardiner: el legado del anglicanismo en Sudamérica». Conocer al equipo →

Seguir leyendo

Este texto es parte de Reflexiones, donde publicamos lo que escribimos entre domingo y domingo. Si prefieres escuchar, el archivo completo de prédicas está en Sermones.

¿Quieres conversar sobre esto con alguien? Nos reunimos los domingos a las 11:00 en San Félix 1318, Vitacura, y después del servicio siempre hay café.

Ver horarios